CUARTO PASO: DEJARLOS PREPARADOS

A continuación, se preparan los huesos para el transporte, que es una parte muy arriesgada. A pesar de su enorme tamaño, los huesos de los dinosaurios suelen ser frágiles, y hay que protegerlos muy bien para su transporte. En primer lugar, se cavan zanjas profundas en torno al hueso. Los huesos aislados se extraen de uno en uno, pero cuando están superpuestos formando una gran masa, hay que extraerlos en grandes bloques. Se envuelve el hueso en pael de seda o aluminio y después se cubre el hueso con papel húmedo, para separarlo, y a continuación se empapan en yeso unas tiras de arpillera y se las dispone por encima. Se aplican varias capas de estas vendas hasta que el hueso quede cubierto de una coraza, como el molde de escayola que se aplica en el hospital a los huesos rotos. Otras veces se les inyecta una especie de espuma sintética que, al hincharse, se convertirá en un sólido envoltorio protector.

 

Después de aplicar el molde sobre el fósil, se utiliza una palanca para separarlo de la roca que hay debajo y se lo da vuelta. Se separan la arenisca y el esquisto sueltos que queden debajo y se aplica un molde de yeso a la parte inferior del hueso. Los huesos pequeños se transportan con la mano, pero para los bloques más grandes se necesitan trineos o carretas. Un bloque puede llegar a pesar cinco toneladas, y transportarlo hasta los vehículos que lo han de llevar puede resultar una tarea de ingeniería muy compleja, sobre todo si el yacimiento se encuentra en un barranco alejado e inaccesible.

Los laboratorios donde se estudian los huesos de los dinosaurios suelen ser muy grandes. Los especimenes se descargan y se colocan en grupos relacionados.
 

La primera tarea consiste en eliminar la escayola. Para hacerlo se cortan en rebanadas las capas de arpillera humedecida en yeso, pero hay que hacerlo con cierto cuidado, para reducir al mínimo el riesgo de dañar las piezas. Una sierra sinfín, montada sobre un eje de transmisión flexible resulta ideal para realizar este trabajo. Por lo general, se conserva en su sitio la parte inferior de la cubierta de yeso de los bloques grandes, porque ofrece estabilidad mientras los técnicos trabajan en los huesos desde la parte superior.

 

La mayor parte de la matriz de roca se ha eliminado durante el trabajo en el campo, pero esta tarea se puede efectuar con mayor precisión y esmero en el laboratorio. Si la matriz es blanda, se puede perforar y rascar por medio de cinceles y cuchillos de mano. Si es más dura, se utiliza un taladro de odontología.

 

 

 

Este tipo de preparación mecánica ha sido la forma habitual de dejar al descubierto casi todos los fósiles de dinosaurios que hoy están expuestos en los museos, y la mayor parte de las veces es fácil separalos de la roca porque se diferencia el fósil de la roca, pero hay ocasiones que no ocurre así.

 

Los huesos que se han fracturado presentan otro tipo de problemas. En algunos casos, los huesos son lo bastante duros, pero todo el depósito está atravesado por minúsculas fisuras, provocadas quizá por tensiones de la corteza terrestre en algún momento del paso. Cuando se intenta separar el hueso de la roca, se convierte en miles de astillas. En tales casos, el preparador tiene que utilizar pegamentos para arreglar las partes fracturadas. Estos se untan sobre la superficie, o se introducen en el interior del espécimen, al vacío. Cuando se han rellenado con pegamento las fisuras, el ejemplar se puede limpiar de la forma habitual. En otros casos de fractura los huesos se desmenuzan con facilidad. También hay que estabilizarlos por medios químicos, pero en ocasiones resulta imposible recuperar el fósil en sus tres dimensiones. Puede ser necesario dejarlo semienterrado en la roca, que actúa entonces como un soporte estabilizador. Desde luego, estos huesos no se pueden estudiar, ni admirar, desde todos los ángulos.

 

En la mayoría de los casos, incluso en los ejemplares que están bien preservados, sin fisuras ni compresiones, se lleva a cabo algún tipo de tratamiento químico de los huesos. Se aplica sobre la superficie externa una capa delgada de pegamento diluido o de laca, con el simple objeto de proporcionar una cubierta exterior más resistente y protegerlos del contacto con el aire.

 

El ácido acético está presente en el vinagre.

 

Cuando los huesos se conservan en rocas calizas, el mejor medio de preparación es el ácido. La disolución lenta del ácido destruye la roca y deja al descubierto los huesos sin correr riesgos de producir daños. Por lo general, se utiliza el ácido acético diluido (la base del vinagre), ya que tiene menos probabilidades de disolver la superficie ósea que el ácido clorhídrico. El espécimen a tratar se suspende en un baño poco profundo de ácido, diluido en agua al cinco por ciento, o menos, y así lo deja durante un día o más. A continuación se lo retira, para examinarlo y lavarlo.

 

Después se les da una capa de resina para endurecerlo y protegerlo. Ya están listos para la investigación.

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